sábado, julio 29, 2006

"Oir para querer" del periodista Jaime Bedoya y razones del entierro de mi Ipod

Mi Ipod esta enterrado por tiempo indefinido, ya que la mayoría de sus canciones me recuerdan a mi última historia -fallida- de amor...y siento que si escuchará las canciones que metí dentro de uno de mis aparatitos favoritos con tanta devoción, experimentaría la misma sensación que produciría echarle alcohol a la herida abierta...
creo que el que mejor explica la relación entre la música y las penas que el amor produce es este artículo de uno de mis periodistas favoritos: Jaime Bedoya de la revista limeña "Caretas" y se llama "Oir para querer"...

revista Caretas, Bebo Valdez y el Cigala.



http://www.caretas.com.pe/2004/1843/columnas/mal.html

MAL MENOR
7 de octubre de 2004

Por JAIME BEDOYA. Oír Para Querer

ESTÁ probado. La música es lo más parecido al amor. Lo avalan desde Marley hasta Bobby Capó1. No en vano somos remedos de ella. Moléculas en vibración que al encontrar alguien o algo en igual frecuencia miramos diferente al mundo y a todos sus charcos: no estamos solos en esta cuesta. Por eso no hay mejor compañía que la que entiende sin palabras. Cuando aparece cantamos bajo la lluvia, sobre las brasas y entre la mierda. A dúo.
Pero aún así no aparezca el coro cada canción es un hogar temporáneo. Un refugio sonoro que cobija y hacemos propio redecorando de momentos que sin música desaparecerían por higiene mnemotécnica y dignidad sentimental. Nada queda de lo que pensábamos nuestro. Pero ahí estuvimos y ahí volvemos, por oído.
Hay canciones pequeñas, de un piso, personales. Muchas al borde del ridículo2. Y hay mansiones sonoras, con jardines, amplios estares, donde sí hay cama para tanta gente. El bolero ha sido siempre la casa de todos. De los que busca la policía y de los que el amor no recoge. Y siguen llegando.
Será por su rítmico dos por cuatro. Será por la sola loseta que su ejecución demanda. Será por su origen entre España e Indias, Africa mediante y Cuba imperante. Será porque -como el blues, el fado, el tango- no le hace asco al amor cuando duele, que es cuando se va, dolorosa costumbre que repite con fruición (temerario cretinismo el del que se supone, blandiendo babosa sonrisa, sentimentalmente a salvo). Como escoltas de la partida, Javier Solís vierte desde su yugular un inacabable caballito de tequila3, o el maestro Lara4 cultiva rosas en un burdel veracruzano con la fineza de un invernadero holandés. Nadie se salva, todo pasa. Pero como un bálsamo invisible, la canción queda.
Cuba queda, el flamenco queda. Me cago en el embargo y me cago en ¡Hola!, ambos igual de indefendibles. En la isla la música es oxígeno y el que no la respira muere. Julio Gutiérrez5, natural de Manzanillo, a los 6 años ya tocaba el piano, a los 14 dirigía una orquesta. Sindo Garay6, natural de Santiago de Cuba, chato, flaco, negro y birolo, aprendió a leer de adulto leyendo avisos en la calle. Oswaldo Farrés7, natural de Las Villas, empezó a componer a los 35 años con una guaracha dedicada a sus cinco hijos. César Portillo de la Cruz8, habanero. Isolina Carrillo9, habanera. Orlando de la Rosa10, habanero. Luis Marquett11, de Alquízar. Bobby Collazo12, de Marianao. Y Pedro Junco, natural de Pinar del Río, escribe un bolero desde el hospital pocos meses antes de morir tuberculoso a los 43 años para explicarle a su amada lo inevitable13.
Flamenco es José Monje Cruz, Camarón, visto en España por estos ojos, año 1988, levitando en medio del Palacio de los Deportes en un río de dignísimo e intocable lamento, erizando los pelos del payo más forastero mientras heroína navegaba en las venas del héroe14. Reviéntese el hígado de un pato y llámese paté. Pulverícese el corazón de un hombre y música maestro.
Son tiempos miserables, qué duda cabe. Mezcla de pereza y asco da estar permanentemente al tanto de la vergüenza ajena. Así, dadas las cosas, más trascendente que las previsibles groserías políticas resulta siendo el simple hecho que dos personas canten en la ciudad. Un cubano y un gitano. Uno, Chucho, hijo de Bebo Valdés, leyenda viva de nobilísimo linaje musical. Chucho hizo una fiesta solo para creyentes cuando en 1986 Irakere se presentó en un concierto en el Municipal, sin quemar y semivacío, dentro de una de las escasísimas buenas ideas del gobierno aprista, el Sicla15: traer músicos que nos distrajeran para que ellos pudieran seguir robando en paz.
Ramón Jiménez se llama Cigala desde que El Camarón16 le pusiera así. Ahora sólo quiere ser Dieguito, su nombre de barrio. Rescatando la esencia del flamenco se arrima a Cuba, al Brasil, al tango, para encontrar la verdadera pureza, que contrariamente a lo que se cree Lima, es la de la mezcla.
Esto es sólo un concierto. No le va a salvar la vida a nadie. Pero aquel que quiera aprender a vivir, que escuche.
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1 "Hit Me With Music", 1974, y "Piel Canela", 1953.
2 "Hey", Julio Iglesias, 1980.
3 "Sombras Nada Más". Solís murió con 33 años.
4 "Piensa en Mí", 1940, canción suya.
5 "Inolvidable", canción suya.
6 "La Tarde", canción suya. García Lorca lo llamó El Gran Faraón de Cuba.
7 "Toda una Vida", 1943, canción suya.
8 "Contigo a la Distancia", 1946, canción suya.
9 Oír "Dos Gardenias", 1947, canción suya.
10 "No Vale la Pena", canción suya.
11 "Allí donde tú Sabes", canción suya.
12 "La Ultima Noche", 1946, canción suya.
13 "Nosotros", 1943, canción suya.
14 Moría cuatro años después de cáncer al pulmón.
15 Semana de Integración Cultural Latinoamericana.
16 Una cigala es como un langostino.

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